Peter Hodgetts
CGN, Abril de 2025
En 1 Corintios
5:7, el apóstol Pablo dijo: «Porque Cristo, nuestro Cordero Pascual, ha sido
sacrificado» (Versión Inglesa Estándar). Cada uno de nosotros ha pecado y se ha
ganado la pena de muerte eterna. Para que esa pena fuera eliminada, alguien lo
suficientemente digno tuvo que pagar el precio por nosotros, y esa persona fue
Cristo.
Pablo continuó
diciendo: «Celebremos, pues, la fiesta» (los siete días de la Fiesta de los
Panes sin Levadura), «no con la vieja levadura, con la levadura de malicia y de
maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad» (versículo 8).
A partir de esta
sencilla instrucción, queda claro que tenemos la responsabilidad de ser
espiritualmente ácimos-sin levadura. Al igual que el matzo es plano, nuestro
corazón humano debe ser espiritualmente plano, es decir, sin levadura.
Antes de esta
instrucción, en el capítulo 4, Pablo había confrontado a los corintios con una
pregunta directa, porque había un problema. Les preguntó, en el versículo 7: «¿Qué
es lo que tanto los infla de vanidad?». (La Biblia Viva).
Se suponía que los
Corintios no debían estar inflados o hinchados (leudados) espiritualmente, sin
embargo, no habían reconocido lo que ocurría con su propia naturaleza humana, a
la que Pablo se refiere como «inflada o hinchada».
Estar «inflado»
es un concepto que transmite la idea de pecado; esencialmente, estar inflado
tiene que ver con la vanidad. Se trata de que uno mismo es lo más
importante, como la canción de los años 70 de Carly Simon, «You're So Vain»
(Eres tan vanidoso). La ingeniosa letra decía: «Eres tan vanidoso que
probablemente pienses que esta canción trata de ti»; por supuesto, se trataba
sobre ese alguien.
El Diccionario
Oxford dice que vanidad es «orgullo excesivo o admiración de la propia
apariencia o logros». La vanidad también incluye cosas como:
·
Auto glorificación (por ejemplo, alabar los
propios logros), autoengrandecimiento (aparentar ser más importante de lo que
realmente se es)
·
Auto deseo (cuando los propios deseos son más
importantes que las necesidades de los demás)
·
Voluntad propia (cuando la propia determinación
prevalece sobre la de los demás)
·
Autoconservación (cuidar de uno mismo en
primer lugar)
·
Autoimportancia (creerse más importante que
los demás)
·
Arrogancia (el Diccionario de Cambridge
la define como «la cualidad de ser desagradablemente orgulloso y comportarse
como si uno fuera más importante o supiera más que los demás»)
·
Autojusticia (cuando uno se justifica a si
mismo)
·
Considerarse a sí mismo como mejor que los
demás
·
Establecerse a sí mismo como juez, determinar
quién es más justo
·
La exhibición de piedad (como algunos de los
fariseos que, según Cristo, obtenían su gloria de la gente y no de Dios).
Hay mucho del yo
en esa lista, y de eso se trata la vanidad o el ser engreído. Se trata de lo
que los humanos pensamos de nosotros mismos, que no es lo mismo que lo que Dios
piensa.
«¿Qué es lo que
tanto los infla de vanidad?» preguntó Pablo.
« Se suponía que
los Corintios no debían estar inflados o hinchados espiritualmente, sin
embargo, no habían reconocido lo que ocurría con su propia naturaleza humana, a
la que Pablo se refiere como «inflada o hinchada».
Los Días de los
Panes sin Levadura tratan sobre la eliminación de aquello que hincha (leuda)
los productos del pan. La analogía espiritual es que la inflamación se refiere
a la exaltación de uno mismo.
Pablo continúa,
después de su pregunta contundente: ¿Qué
es lo que tanto los infla de vanidad?
¿Qué tienen que Dios no les haya dado? Y si todo cuanto tienen se los ha dado
Dios, ¿por qué se las das de grandes, como si hubieran logrado algo por
esfuerzo propio?». (1 Corintios 4:7, NBV).
Pablo está confrontando
su visión de ellos mismos. Les estaba diciendo que estaban hinchados o inflados,
y que eso no le da la gloria a Dios; simplemente le da la gloria a uno mismo.
Pablo estaba
dejando muy claro que lo que cada uno tiene, en realidad viene de Dios. Esto incluye
tanto lo físico como, lo que es más importante, lo espiritual.
Comprender esto
debería tener el efecto de hacernos sentir increíblemente humildes.
Reconozcámoslo,
estamos hechos de materia. Los alimentos, diseñados y creados por Dios,
sustentan el cuerpo material. Nuestra mente es llevada en un cerebro físico que
es transportado por nuestro cuerpo material. Y nuestro futuro como un ser
espiritual resucitado solo es posible gracias a Dios, y eso gracias al
sacrificio de Cristo. Por lo tanto, todo lo que tenemos en realidad viene de
Dios.
Puesto que
debemos nuestras vidas espirituales a Dios, habiendo renunciado a nuestro
«viejo hombre» a través del bautismo, se nos dice que nuestras vidas están
destinadas a ser un sacrificio vivo a Dios, lo que significa que no debemos ser
engreídos. Estamos destinados a no estar inflados.
«¿ Qué es lo que tanto los infla de
vanidad?» fue la pregunta de
Pablo. Es una pregunta que cada uno de nosotros debería plantearse.
Entonces, ¿qué
significa no estar inflado? 1 Corintios 13, el «capítulo del amor», detalla la
respuesta. Cuando lo leamos, tratemos de poner el nombre de Cristo en lugar de
la palabra amor, porque esto enfatizará y traerá a nuestras mentes lo
que es la estatura de la plenitud de Cristo, nuestro Hermano mayor.
«El amor [Cristo]
tiene paciencia y es bondadoso. El amor no es celoso. El amor no es ostentoso,
ni se hace arrogante. No es indecoroso, ni busca lo suyo propio. No se irrita,
ni lleva cuentas del mal. No se goza de la injusticia, sino que se regocija con
la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El
amor nunca deja de ser. Pero las profecías se acabarán, cesarán las lenguas y
se acabará el conocimiento.» (1 Corintios 13:4-8)
Hay mucho
contenido en esa sección de la Escritura, pero el punto que resalta es el de
qué se trata el no estar inflado. No se trata de que uno mismo sea importante.
Renunciar a nosotros mismos y a nuestros pensamientos engreídos es el
sacrificio que Dios quiere que hagamos.
Una lección
importante que nos enseñan los Días de los Panes sin Levadura es que no somos
nada ante Dios y que toda nuestra vida consiste en volvernos sin levadura,
desinflados.
Y así, a medida
que avanzamos, dejando atrás los siete días de estar sin levadura en lo físico,
Dios espera que continuemos nuestro caminar viviendo sin levadura espiritual,
es decir, enterrando el yo.
El corazón humano
se infla fácilmente, lo que está representado por el pan con levadura. Nuestros
corazones necesitan ser desinflados para que al final de la era, ¡Dios pueda
resucitarnos!
Las citas de las Escrituras han sido tomadas de la versión Reina Valera
Actualizada - 2015, a menos que se indique lo contrario.
© 2025, Iglesia de Dios, una Comunidad Internacional