EL LARGO CAMINO
Jeremy Rapson
CGN, Agosto 2024
¿Alguna vez ha visto usted lo que parecía ser un atajo
para ahorrar tiempo, solo para descubrir que le llevó por caminos estrechos y
sinuosos llenos de baches, donde encontró todo tipo de peligros, como tener que
retroceder constantemente debido al tráfico en sentido contrario o —peor
aún— daños a su vehículo por el mal estado de la
carretera? En el mapa parecía ser un beneficio; en realidad, resultó ser una
pesadilla.
Pues bien, el mismo principio se aplica a las
elecciones y decisiones que enfrentamos a lo largo de nuestras vidas. Podemos
esperar evitar las experiencias mundanas y aburridas para alcanzar nuestro
objetivo con el mínimo esfuerzo y en el menor tiempo posible. Sin embargo, esos
atajos pueden resultar decepcionantes, si no peligrosos. Por el contrario,
someterse a las disciplinas del largo plazo puede ser exigente, pero el
esfuerzo generalmente resultará haber valido la pena.
Los discípulos de Cristo, en su entusiasmo y fervor,
estaban ansiosos por que el reino se estableciera inmediatamente después de la
resurrección de Jesús. “Señor, ¿restituirás el reino a Israel en este
tiempo?” preguntaron (Hechos 1:6). Probablemente pensaron que todas las
preocupaciones y pruebas, las tensiones y esfuerzos, junto con la formación que
habían recibido bajo la tutela de Cristo durante tres años y medio, habrían
sido suficientes como preparación para sus roles en el gobierno milenario de
Jesús. Cuando le preguntaron a Jesús sobre ello, Él respondió: “A ustedes no
les toca saber ni los tiempos ni las ocasiones que el Padre dispuso por su
propia autoridad.” (versículo 7).
Dios sabía que se necesitaba más desarrollo y
crecimiento del carácter antes de que se pudiera dar paso al fin de la era y
establecer su reino. De hecho, Su gran plan requería que se estableciera una
Iglesia, la cual sería pastoreada, guiada y expandida durante los largos siglos
que habrían de seguir.
Para prepararlos para sus tareas en esa naciente
Iglesia, Jesús les dio a sus discípulos la garantía de que estarían
completamente equipados y dotados de recursos para la misión que tenían por
delante. Luego les describió la naturaleza de su desafiante asignación: “Pero
recibirán poder cuando el Espíritu Santo haya venido sobre ustedes, y me serán
testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la
tierra.” (versículo 8). Sin duda, estaban comprometidos a largo plazo, pero
se les aseguró un resultado glorioso.
Muchos de los que hoy formamos parte de la Iglesia de
Dios llevamos bautizados medio siglo o más. En el momento de nuestra
conversión, no esperábamos envejecer o pasar por dificultades, peligros y
angustias durante un largo período de discipulado físico. Y, sin embargo, eso
es lo que ha ocurrido. No lo habíamos previsto, pero reconocemos que estaba
dentro de la voluntad de Dios que las cosas sucedieran así por el bien mayor.
Hubiéramos preferido experimentar un regreso inmediato de Cristo para establecer
su reino justo después de nuestro bautismo. Pero ahora nos damos cuenta de que
teníamos mucho que crecer antes de estar preparados para gobernar. También es
evidente que "los tiempos de los gentiles" aún no se habían cumplido,
como expresa Lucas 21:24, "Caerán a filo de espada y serán llevados
cautivos a todas las naciones. Jerusalén será pisoteada por los gentiles hasta
que se cumplan los tiempos de los gentiles." Los acontecimientos
mundiales aún tenían que seguir su curso.
En Éxodo 23:29–30, Dios dijo a los israelitas: "No
los echaré [a los “inquilinos permanentes” de la Tierra Prometida] de tu
presencia en un solo año, para que la tierra no quede desolada ni se
multipliquen contra ti las fieras del campo. Poco a poco los echaré de tu
presencia, hasta que te multipliques y tomes posesión de la tierra." De
manera similar, Dios no tenía prisa indebida en traer el reino de Cristo a la
tierra. Al igual que los israelitas de antaño, necesitamos tiempo para
fortalecernos, aumentar, crecer, superar y desarrollarnos. Solo cuando las
cualidades necesarias del carácter hayan sido pulidas y perfeccionadas, se nos
concederá la entrada al reino. Podemos estar seguros de que habrá valido la
pena la espera.
Las citas de las Escrituras son de la versión Reina
Valera Actualizada - 2015, a menos que se indique lo contrario.
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