LAS COSAS COMO REALMENTE SON Graham Houghton CGN, Agosto 2024

 

LAS COSAS COMO REALMENTE SON

Graham Houghton

CGN, Agosto 2024

 

Dios el Padre establece una relación especial con nosotros al llamarnos a salir del mundo o al colocarnos en el seno de una familia de la Iglesia. Él está involucrado en nuestras vidas. Pero también vemos lo humanos que somos en nuestros pensamientos, acciones y reacciones, y a veces podemos sentirnos desanimados por eso. El apóstol Pablo tenía el mismo problema: “Porque lo que hago no lo entiendo, pues no practico lo que quiero; al contrario, lo que aborrezco, eso hago.” (Romanos 7:15). Podríamos decir que él resume cómo son las cosas. Pero en este mismo capítulo Pablo también nos muestra cuatro cosas positivas que Dios está habilitando en nuestras vidas, y su solución a que seamos y nos sintamos tan humanos, y a cómo son realmente las cosas en su relación con nosotros. A través de las palabras de Pablo, podemos sentirnos reconfortados.

 

UN RECONOCIMIENTO HONESTO

Pablo dice esto acerca de nuestra lucha espiritual por el hecho de ser humanos: “Por lo tanto, hallo esta ley: Aunque quiero hacer el bien, el mal está presente en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo en mis miembros una ley diferente que combate contra la ley de mi mente y me encadena con la ley del pecado que está en mis miembros.” (Romanos 7:21–23).

Queremos hacer lo correcto, pero es una lucha. Sin embargo, debemos tener claro que nuestro Padre nos ha dado esta capacidad de percepción de nosotros mismos; ese es el lado positivo de esta declaración. Podemos aprender más de las cuatro palabras clave aquí, para lo cual nos valdremos de las definiciones de acuerdo con el "Léxico Griego-Inglés del Nuevo Testamento y Otras Literatura Cristianas Primitivas" (BDAG).

 

1.      PODEMOS ENCONTRAR NUESTRA NATURALEZA HUMANA

“Por lo tanto, hallo [en griego heuriskō] esta ley: Aunque quiero hacer el bien, el mal está presente en mí.” (Romanos 7:21). Averiguamos o "descubrimos a través de la reflexión y la observación" (heuriskō) que nuestra naturaleza humana tira en la dirección opuesta a la de la ley de Dios. También está “presente” o lista para actuar de esta manera. BDAG sugiere la siguiente traducción: “Encuentro que es la regla.” Esto parece ser simplemente la forma en cómo son las cosas.

¡Pero notemos que la razón por la cual podemos observar esto sobre nosotros mismos es porque estamos llamados o apartados y se nos da cierta comprensión gracias al Espíritu de Dios! Por nosotros mismos, no podemos ver que nuestro pensamiento es moralmente incorrecto. Pero a medida que Dios trabaja con nosotros y a medida que respondemos comenzamos a ver nuestra naturaleza humana desde su punto de vista.

 

2.      PODEMOS DESEAR HACER EL BIEN

Pablo se describe a sí mismo como "el que quiere [thelō] hacer el bien" (versículo 21)—una afirmación con la que todos podemos identificarnos.

Por la acción del Espíritu de Dios en nosotros, podemos decidirnos a vivir a la manera de Dios, definida por su ley, lo cual es justo lo contrario de lo que nos dicta nuestra naturaleza humana. Pero Pablo también dijo que esto es difícil: "Porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo." (Romanos 7:18). Así son las cosas.

 

3.      PODEMOS DELEITARNOS EN LA LEY DE DIOS

Pablo va más allá: “Porque según el hombre interior, me deleito [sunēdomai] en la ley de Dios” (Romanos 7:22). Podemos llegar a estar gratamente de acuerdo en nuestro corazón y mente con las leyes y principios de Dios y aplicarlos en nuestras vidas. Llegamos a desear vivir el estilo de vida “de dar” que Dios nos propone. Es el Espíritu de Dios el que nos incita a esto, pues no es algo normal para nuestra naturaleza humana.

Pero somos conscientes de una dificultad: hay una lucha en nuestro pensamiento—y esto también es como son las cosas.

 

4.      PODEMOS VER NUESTRA LUCHA

Pablo explica: “Pero veo [blepō] en mis miembros una ley diferente que combate contra la ley de mi mente…” (Romanos 7:23)

Desarrollamos una aguda conciencia de nuestra naturaleza humana—esta influencia dentro de nosotros lleva a cabo una campaña continua contra nuestro deseo de vivir según el camino de Dios. Pablo dijo un poco antes en el mismo capítulo que él había sido engañado sobre el pecado, sobre la transgresión del mandamiento que había en él. Y, como antiguo fariseo celoso, debe haber sido una verdadera revelación para él aprender eso sobre sí mismo. ¡Solo Dios puede concedernos esta perspicacia!

Ahora vemos un choque entre lo que “yo, solo yo, yo mismo” quiero, versus deleitarse en -y querer hacer- la voluntad de nuestro Padre y lo que Él quiere.

Se nos ha ofrecido una oportunidad especial para elegir tener una relación con Él—para ir por el camino de Dios y en contra de esta tendencia innata. Para cada uno de nosotros, este es el comienzo del arrepentimiento: un proceso continuo de cambio en nuestro pensamiento y en las intenciones de nuestro corazón y mente. Pablo reconoce esta lucha y admite humildemente: “¡Miserable [infeliz] de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” (versículo 24). Y luego él proporciona la respuesta.

 

LA RESPUESTA

Pablo nos dice a todos: "¡Doy gracias a Dios por medio de Jesucristo nuestro Señor! Así que yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios; pero con la carne, a la ley del pecado." (versículo 25). Dios nos perdona y nos libera por medio de Jesucristo, que obra con nosotros por medio del Espíritu Santo, mientras nos sometemos y cooperamos.

Seguimos leyendo, ya que en el original no hay separación en capítulos: "Ahora pues, ninguna condenación [ningún veredicto de culpabilidad] hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu" (Romanos 8:1). Cuando elegimos someternos y responder, Cristo puede guiarnos y nosotros podemos caminar con Él. Este es el amor y el perdón de Dios en nuestras vidas, lo cual recordamos cada año en la Pascua; un pensamiento reconfortante que podemos tener presente.

A continuación, Pablo hace esta afirmación positiva y alentadora: "Porque todos los que son guiados [mientras nos dejemos guiar] por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios." (Romanos 8:14). Sí, tenemos una naturaleza humana—así son las cosas. Pero somos llamados o apartados por el Padre para una relación muy especial con Él. Su Espíritu nos da discernimiento para observar y reflexionar sobre nuestra naturaleza humana. Podemos decidir hacer el bien; y podemos deleitarnos en la ley de Dios. Y sí, somos conscientes de que es una lucha.

Pero podemos pedirle a nuestro Padre y a su Hijo ayuda para cambiar y seguir la guía del Espíritu Santo. Después de todo, somos sus hijos—y así es como las cosas son en realidad.

 

Las citas de las Escrituras son de la versión Reina Valera Actualizada - 2015, a menos que se indique lo contrario.

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