SUMANDO A UNO Anthony Populo CGN, Agosto 2024

 

SUMANDO A UNO

Anthony Populo

CGN, Agosto 2024

 

La respuesta a la pregunta es una. Así que ahora debe preguntarse: “¿Cuál es la pregunta?”.

En Efesios 4:4–6 se lee, Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como han sido llamados a una sola esperanza de su llamamiento. Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos quien es sobre todos, a través de todos y en todos.

En la carta de Pablo, este ruega a la Iglesia que caminen en unidad unos con otros. Les recuerda a los Efesios que hay un solo Dios, un solo cuerpo, un solo Espíritu. En los versículos 1-3, dice: “Por eso yo, prisionero en el Señor, les exhorto a que anden como es digno del llamamiento con que fueron llamados, con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándose los unos a los otros en amor, procurando con diligencia guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.”

Pablo afirma que "soportándose los unos a los otros en amor" —trabajando, esforzándose, luchando, empujando, luchando— se mantiene la unidad del Espíritu. En los versículos 1213, Pablo continúa con este pensamiento, manteniendo la unidad bajo Dios en una fe: “A fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos alcancemos la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, hasta ser un hombre de plena madurez, hasta la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.”

Aquí, la palabra griega utilizada que significa "unicidad" o "estar de acuerdo" se traduce como unidad. Se usa en combinación con la fe y el conocimiento, con "un Espíritu". Pablo nos está mostrando que la unidad es unicidad. La unidad es el acuerdo hacia un objetivo común, el acuerdo en la fe y el conocimiento, el acuerdo con Dios, trabajando juntos hacia un objetivo.

La palabra "unidad" solo se usa unas pocas veces en la Biblia, por lo tanto, a primera vista parece un tema trivial, pero a medida que aprendemos y crecemos, deberíamos comprender el concepto completo de la Biblia, los contenidos generales de la Biblia, los objetivos de Dios. Esto puede ayudarnos a pensar críticamente sobre ciertos temas. Y podemos preguntarnos: “¿Se ajusta al objetivo de Dios en su totalidad?” Ser uno—ser una sola mente, una misma fe, un mismo pueblo bajo Dios—es uno de sus objetivos generales para nosotros, para su pueblo.

La importancia de este concepto fue expresada por Cristo durante su última Pascua: "para que todos sean uno, así como tú, Padre, en mí y yo en ti, que también ellos lo sean en Nosotros; para que el mundo crea que Tú me enviaste. Yo les he dado la gloria que tú me has dado para que sean uno, así como también Nosotros somos uno: Yo en ellos y Tú en Mí, para que sean perfectamente unidos; para que el mundo conozca que Tú me has enviado, y que los has amado como también a mí me has amado." (Juan 17:21–23).

Escuchamos estas palabras alentadoras cada año durante el servicio de la Pascua, recordándonos su deseo de que seamos uno, así como Él y el Padre son uno.

 

"Ser uno—ser una sola mente, una misma fe, un mismo pueblo bajo Dios—es uno de sus objetivos generales para nosotros, para su pueblo."

 

El Objetivo de Dios

Entonces, ¿Cuál es el objetivo que Dios quiere que su pueblo mantenga? La respuesta es una. ¿Cómo logramos la unidad? ¿Cómo mantenemos la unidad? ¿Cómo trabajamos para ser uno? Escribamos esta ecuación: 1 + X = 1. Nuestro objetivo es averiguar qué representa X. En este caso, X no representa 0. Esa puede ser la respuesta correcta en la clase de álgebra, pero no para esta ecuación espiritual.

Entonces imaginemos que el primer número, 1, somos nosotros mismos, cada uno de nosotros. Así que nosotros (1) más X es igual a la unicidad, la unidad—la respuesta es 1.

Conocemos la pregunta; conocemos la respuesta. Ahora, ¿Cómo llegamos allí?

 

 

Lo que No es la Unidad

El primer paso para entender la unidad, o para llegar a ser uno, es comprender con qué o con quién no debemos ser uno. Cuando Cristo pidió a Dios que nos ayudara a ser uno, ¿Significaba esto que se aplicara a toda la humanidad en la actualidad? ¿Con quién quería Él esa unicidad, y para quién estaba destinada o no destinada?

Cristo estaba orando por los creyentes para que se convirtieran en uno, todos los que fueran elegidos por Dios para salir del mundo: “He manifestado tu nombre a los hombres [los individuos, hombres y mujeres] que del mundo me diste. Tuyos eran, y me los diste; y han guardado tu palabra.” (Juan 17:6). En el versículo 9, continúa: “Yo ruego por ellos. No ruego por el mundo sino por los que me has dado; porque Tuyos son.” Cristo hace una clara separación entre su pueblo y el mundo. Cuando ora a Dios pidiendo la unidad, especifica que la audiencia somos nosotros (versículo 11).

X no es igual al mundo. No podemos convertirnos en uno con el mundo.

“No se conformen a este mundo; más bien, transfórmense por la renovación de su entendimiento de modo que comprueben cuál sea la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.” (Romanos 12:2)

“No se unan en yugo desigual con los no creyentes. Porque ¿qué compañerismo tiene la rectitud con el desorden? ¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas?” (2 Corintios 6:14). Cuando dos (o más) bueyes están unidos por un yugo, tienen que viajar en la misma dirección y dirigirse hacia el mismo objetivo. Pero si un buey decide dirigirse hacia un camino diferente, el otro acabará tropezando o incluso siendo arrastrado. Tienen que estar unidos por igual para trabajar bien juntos.

Seguimos leyendo: “¿Qué armonía hay entre Cristo y Belial? ¿Qué parte tiene el creyente con el no creyente? ¿Qué acuerdo puede haber entre un templo de Dios y los ídolos? Porque nosotros somos templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, ¡Salgan de en medio de ellos, y apártense! dice el Señor. No toquen lo impuro, y yo los recibiré” (2 Corintios 6:15–17).

Pablo muestra claramente que la analogía trata sobre intentar tener el mismo objetivo con un incrédulo. Cita a Dios diciendo que debemos separarnos de los incrédulos. Si hemos de ser uno para el otro, debemos tener el mismo objetivo; de lo contrario, será difícil alcanzar nuestro destino.

Eso no significa que no podamos tener relaciones en el mundo. Podemos tener relaciones significativas y beneficiosas fuera de la Iglesia, ya sea personales o profesionales. Podemos tener amigos en el mundo.

“Les he escrito por carta que no se asocien con inmorales sexuales. No me refiero en forma absoluta a los que de este mundo son inmorales sexuales, avaros, estafadores o idólatras, pues en tal caso les sería necesario salir del mundo.” (1 Corintios 5:9–10).

Se trata de no asociarnos con personas que sean sexualmente inmorales en la Iglesia, no en el mundo; de lo contrario, tendríamos que aislarnos del mundo. Podemos tener relaciones beneficiosas en el mundo. Pero la pregunta que debemos hacernos es esta: ¿Creemos que realmente podemos ser uno con esa persona? ¿Estamos encaminados hacia el mismo objetivo? Debemos priorizar a aquellos en el cuerpo de Cristo, con quienes podemos mantener la unidad, ser uno.

Fuimos hechos separados del mundo, fuimos hechos para ser santos como Dios lo es. Fuimos hechos para ser uno con cada uno de nosotros, no con el mundo.

X no es igual al mundo. Usted y yo más el mundo no pueden igualar uno.

X tampoco es igual a una nación física. Debemos entender que, solo porque alguien mencione a Dios y a Cristo, o diga que es “cristiano”, o dedique días, ideas o ideales a Dios, no significa que estén en el mismo camino que nosotros. No significa que sirvan al mismo Dios que nosotros o que tengan el mismo objetivo. (Incluso los demonios creen que hay un solo Dios: Santiago 2:19.)

Si hubiera una nación física en la tierra ahora con la que pudiéramos ser uno, entonces la gente de esa nación debería estar guardando los mandamientos de Dios. Ellos deberían estar guardando sus pactos. Deberían estar guardando los días santos. Pero no hay nación en la tierra ahora que tenga la misma meta que nosotros. No hay nación ahora con la cual podamos ser uno.

“Conforme a su fe murieron todos estos sin haber recibido el cumplimiento de las promesas. Más bien, las miraron de lejos y las saludaron, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Los que así hablan, claramente dan a entender que buscan otra patria. Pues si de veras se acordaran de la tierra de donde salieron tendrían oportunidad de regresar. Pero ellos anhelaban una patria superior; es decir, la celestial. Por eso Dios no se avergüenza de llamarse el Dios de ellos, porque les ha preparado una ciudad.” (Hebreos 11: 13–16)

Los que fueron fieles sabían que eran forasteros en la tierra sin una nación a la que llamar suya. Si hubieran deseado una nación física, podrían haber regresado a la que dejaron atrás. Pero no lo hicieron. Bajo el Nuevo Pacto hecho con el sacrificio de Cristo, Él ya no estaba tratando con naciones individuales sino con personas individuales:

“Ya no hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay varón ni mujer; porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús. Y ya que son de Cristo, ciertamente son descendencia de Abraham, herederos conforme a la promesa.” (Gálatas 3:28–29). Por medio de la revelación de Cristo (Gálatas 1:12), Pablo fue inspirado para decirle a la Iglesia que ya no hay nacionalidades específicas que obtendrán el Espíritu Santo y la promesa de Dios. Si guardamos su pacto, si somos llamados por Dios, si obedecemos sus mandamientos, si mantenemos nuestra unidad con Cristo, entonces somos descendencia de Abraham. Anhelamos una patria mejor, una nación mejor—una divina, una con la que podemos ser uno.

X no equivale a una nación física.

 

Lo que es X

Examinemos ahora la respuesta correcta. ¿Qué puede hacer que nosotros —sumado a algo más— sea igual a uno? La respuesta obvia es Dios y Cristo. Nosotros más Dios es igual a uno.

Cristo menciona, “Vengan a mí, todos los que están fatigados y cargados, y yo los haré descansar. Lleven mi yugo sobre ustedes, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para su alma. Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. (Mateo 11:28–30).

Su audiencia son aquellos que han sido llamados. Él afirma que nos dará descanso si tomamos su yugo, y somos uno con Él. Para llegar a ser uno con Él, Él tomará el peso del yugo sobre sus hombros, haciendo la carga ligera. Este es el objetivo final para todos nosotros, ¿no es así? Este es nuestro objetivo final: ser uno con Dios. Pensar como Él, hablar como Él e imitarlo. Todos anhelamos estar completa y totalmente unidos a Dios en Cristo.

Pero podemos estar de acuerdo en que no siempre somos uno con Dios. Él nos da otras cosas prácticas para ayudarnos a entender esa verdadera unidad.

 

Ejemplos Prácticos

Una respuesta posible es: Nosotros mismos más un cónyuge puede ser igual a uno. “Por tanto, el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” (Génesis 2:24). Un hombre necesita dejar su familia física y unirse a su esposa para que puedan ser una nueva unidad familiar, para ser uno solo.

¿Por qué se hace hincapié en ser uno en el matrimonio? Debemos entender que el matrimonio no es un mandamiento de Dios — no todo el mundo se casa. Pero tal vez sea un regalo para comprender el ceremonial matrimonio más importante de todos.

Esperamos con impaciencia este acontecimiento épico: “Gocémonos, alegrémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero, y su novia se ha preparado […] El ángel me dijo: “Escribe: Bienaventurados los que han sido llamados a la cena de las bodas del Cordero”. Me dijo, además: “Estas son palabras verdaderas de Dios.”” (Apocalipsis 19: 7, 9)

Todos los que son llamados a este matrimonio son bendecidos, todos los que se convierten en uno con Cristo, el Cordero. Así que parece que el concepto de matrimonio nos fue dado como un regalo para entender la unicidad, la unidad que tendremos con Cristo. Recuerden que Cristo anhela que nos unamos a Él.

La relación entre Cristo y la Iglesia se aclara en Efesios 5. “Cristo es cabeza de la iglesia, y Él mismo es Salvador de su cuerpo [...] Esposos, amen a sus esposas, así como también Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella, a fin de santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua con la palabra, para presentársela a sí mismo una iglesia gloriosa que no tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que sea santa y sin falta. (Versículos 23, 25–27).

La relación matrimonial es probablemente un instrumento para que comprendamos la unidad entre Dios, Cristo y la Iglesia.

Dios nos da otras oportunidades para comprender la unidad. Nos da esta comunidad, la Iglesia, el pueblo de Dios; X es igual al pueblo de Dios. Nosotros más esta comunidad somos uno: “De quien [Cristo], todo el cuerpo, bien ajustado y ligado entre sí por todas las coyunturas que lo sustentan, según la función adecuada de cada miembro, crece, edificándose en amor.” (Efesios 4:16).

 

"Si guardamos su pacto, si somos llamados por Dios, si obedecemos sus mandamientos, si mantenemos nuestra unidad con Cristo, entonces somos la descendencia de Abraham. Anhelamos una patria mejor, una nación mejor—una divina, con la que podamos ser uno."

 

Todos somos diferentes, pero es esa diferencia la que se combina para formar uno. Estamos entrelazados en cada articulación, cada articulación tiene un propósito específico, y cuando se combinan, nos convertimos en un Cuerpo funcional.

“Porque por un solo Espíritu fuimos bautizados todos en un solo cuerpo, tanto judíos como griegos, tanto esclavos como libres; y a todos se nos dio a beber de un solo Espíritu.” (1 Corintios 12:13). “Ahora bien, hay diversidad de dones; pero el Espíritu es el mismo […] También hay diversidad de actividades, pero el mismo Dios es el que realiza todas las cosas en todos. Pero a cada cual le es dada la manifestación del Espíritu para provecho mutuo.” (Versículos 4, 6–7).

Se nos dieron dones, habilidades, conocimientos, un propósito para el entendimiento, a fin de beneficiar al cuerpo. Mientras estemos de acuerdo —mientras usted y yo estemos de acuerdo en un objetivo común—, mientras nos esforcemos por mantener esa unidad, X es igual a usted y a mí.

 

Como se ve la Unidad

¿Qué aspecto tiene la unidad en la Iglesia? Estamos unidos por un yugo y dirigiéndonos hacia esa misma meta de común acuerdo para alcanzar el punto final.

Podemos hacer preguntas en el camino. A veces puede ser más fácil quedarse en silencio que decir algo de lo que uno se arrepentirá, y a veces esa puede ser la opción más sabia. Muchas veces sentimos que el silencio es la respuesta—la única respuesta.

Pero también leemos en Proverbios cómo las palabras sabias de nuestra boca traerán sanidad (12:18); es un árbol de vida (15:4); y “Mis labios expresarán alabanza, . . . Mi lengua hablará de tu palabra” (Salmos 119:171–172). Así que aquí se nos presenta un cuadro contrastante. Si siempre optamos por el silencio, será muy difícil hacer crecer la comunidad hacia la unidad. “¿Está alguno entre ustedes afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas” (Santiago 5:13). ¿Cómo sabemos si alguien está sufriendo? ¿Cómo sabemos si alguien está alegre? Tenemos que hacer preguntas, tenemos que hablar entre nosotros, no quedarnos en silencio por defecto. “Gócense con los que se gozan. Lloren con los que lloran. Tengan un mismo sentir los unos por los otros.” (Romanos 12:15–16).

Pablo dijo que debemos alegrarnos con los que se alegran, llorar con los que están tristes, y no quedarnos en silencio. Tenemos información significativa y útil; tenemos conocimientos, habilidades que deben ser compartidas—que deben ser compartidas con la comunidad para completar el cuerpo.

Estamos destinados a estar aquí, a ser completos, a ser uno. Es realmente hermoso ver cómo personas de diferentes orígenes, opiniones variadas, puntos de vista distintos y una variedad de conocimientos se reúnen para formar un solo Cuerpo, para convertirse en uno. Puede parecer que no debería funcionar, pero lo hace—debido al Espíritu Santo. Somos capaces de discrepar en ocasiones, pero estamos de acuerdo en la misma dirección gracias al Espíritu Santo que se manifiesta en nosotros.

Recuerde el primer Pentecostés de la Iglesia del primer siglo, cuando recibieron el Espíritu Santo: "Al llegar el día de Pentecostés estaban todos reunidos en un mismo lugar." (Hechos 2:1). “Unánimes” significa estar en armonía de mente, estar en acuerdo. El don del Espíritu Santo les fue dado; gracias a eso, pudieron mantener esa unidad, ese acuerdo. “Ellos perseveraban unánimes en el templo día tras día, y partiendo el pan casa por casa, participaban de la comida con alegría y con sencillez de corazón” (versículo 46).

Pero recuerde que no todos los asuntos relacionados con la Iglesia en el primer siglo fueron fáciles. Hubo el debate sobre la circuncisión; tomó años resolver esto y llegar a una comprensión clara. Pero fue el Espíritu Santo morando en ellos lo que permitió a la Iglesia mantenerse unificada.

 

Pregunta: ¿Cuál es mi papel?

Debemos estar unidos unos con otros, caminar en unidad. Sólo hay un Dios, una fe, un bautismo. Estar unidos significa estar de acuerdo unos con otros. Con respecto a este tema, estar unificado significa tener el mismo objetivo final, ese destino en mente. Unidad es sinónimo de uno.

Cuando Cristo oró porque fuéramos uno, Él estaba hablando a aquellos que habían sido llamados, aquellos a quienes Dios manifestó su nombre. Cristo, en aquel momento concreto, oraba por nosotros y no por el mundo. Tendremos que hacer brillar nuestras luces al mundo. Es evidente que deberemos tener relaciones significativas en el mundo. Pero debemos preguntarnos: “¿Con quién queremos estar unidos?”.

El mundo tiene un camino diferente no sirve al mismo Dios que nosotros. ¿Quién puede desviarnos del camino? ¿Quién podría hacernos tropezar? ¿Quién nos arrastraría hacia su objetivo? ¿A qué relaciones damos prioridad?

Tenemos que amar a algunas personas menos de lo que amamos a Cristo. Estar unidos a Cristo debe ser nuestro objetivo final, lo que a veces puede ser difícil. Pero Dios, siendo misericordioso, nos da otras oportunidades para comprender plenamente lo que significa esta unidad lo que es ser uno, lo que es estar unificado. El matrimonio puede ayudarnos a comprender la unidad de Dios en Cristo y en la Iglesia. Podemos tener y comprender la unidad en el matrimonio, compartir lo que hemos aprendido con la comunidad, y tales experiencias pueden ayudar a unificar a todo el pueblo de Dios.

Podemos tener otras oportunidades para entender y compartir ese tipo de unicidad con la comunidad. Todos tenemos momentos en los que podemos construir y unificar el cuerpo de Cristo. Ser uno con el pueblo de Dios debería ser nuestra intención—somos esenciales para la unicidad del Cuerpo de Cristo. Podemos reflexionar sobre en qué somos buenos, qué podemos aportar al Cuerpo, qué experiencias podemos compartir con el pueblo de Dios a través de conversar entre nosotros, compartir y experimentar la vida juntos. Pero depende de nosotros abrir esa caja, no tener miedo. Llore con los que lloran, alégrese con los que se alegran, y sepa que es a través del Espíritu Santo que todos estamos unificados.

“Por tanto —como escogidos de Dios, santos y amados— vístanse de profunda compasión, de benignidad, de humildad, de mansedumbre y de paciencia; soportándose los unos a los otros y perdonándose los unos a los otros, cuando alguien tenga queja del otro. De la manera que el Señor los perdonó, así también háganlo ustedes. Pero sobre todas estas cosas, vístanse de amor, que es el vínculo perfecto. Y la paz de Cristo gobierne en su corazón, pues a ella fueron llamados en un solo cuerpo, y sean agradecidos.” (Colosenses 3:12–15).

Uno más uno es igual a uno. Usted y yo más Dios, más el pueblo de Dios, es igual a uno. En la mayoría de las situaciones en la Iglesia, ¿en qué estamos tratando de convertirnos? La respuesta es: uno.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las citas de las Escrituras son de la versión Reina Valera Actualizada - 2015, a menos que se indique lo contrario.

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